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Domingo, 13 Diciembre 2015 18:23

La eterna juventud

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Los patrones de conducta alimentaria seguidos por un individuo o una colectividad están basados fundamentalmente en el estilo de vida. La configuración de un estilo depende de cómo se es, la forma de pensar, sentir y actuar, las condiciones de vida y factores socioculturales de la sociedad en la que se vive, el entorno cotidiano dónde se actúa y trabaja, el territorio en el que se vive, etc. Es la interacción de esos múltiples aspectos lo que hace que este modo de comportamiento individualizado esté sometido a un constante proceso de transformación y reinterpretación. En efecto, los estilos de vida de una sociedad se transforman y son recreados constantemente por los miembros que lo ejercen. En el presente uno de los aspectos determinantes en el tránsito hacia la configuración del nuevo estilo de vida de la moderna sociedad individualista sigue siendo la concepción del cuerpo. Lo novedoso es que el cuidado del cuerpo se ha convertido en una obsesión que, progresivamente, ha ido descendiendo desde las clases privilegiadas hasta la gente corriente.

Se está consolidando una nueva forma de concebir el cuerpo, una nueva manera de entender el ciclo vital y como consecuencia un nuevo estilo de vida. Emerge la idea de que es posible conseguir un cuerpo inmortal. Se empieza a pensar que en un futuro no muy lejano los avances científicos pueden hacer real el ansia de inmortalidad. En las sociedades avanzadas se percibe la inmortalidad como una utopía realizable. La sociología de la eternidad -prolongación ilimitada de la vida- es un espacio de investigación que conecta directamente con el estudio de la longevidad. Se plantea como un nuevo estilo de vida que no solamente tiene como objetivo ser feliz ahora sino indefinidamente pues de lo contrario no tendría ningún sentido prolongar la vida. Se ha debilitado la creencia en la otra vida y la felicidad consiste en vivir eternamente. Todo esto suena a ciencia ficción, a un escenario de futuro inventado por mentes calenturientas, pero ya se están dando los primeros pasos para alcanzar este objetivo. Y uno de ellos es llevar una dieta óptima que nos ayude a vivir más y mejor y en el futuro conseguir la eterna juventud. "La alarmante proliferación de patologías asociadas a la vida moderna, como son el estrés, los nuevos tipos de cáncer o las enfermedades cardiovasculares, así como las efectivas campañas de marketing de algunas compañías farmacéuticas y del ramo de la alimentación, han sido, en gran parte, las responsables de la inquietud de las últimas décadas por encontrar la milagrosa fórmula de la eterna juventud" (Kohan 2007: 58).

En las sociedades ricas estamos pasando de la preocupación por la belleza y la delgadez corporal a la obsesión por el antienvejecimiento y la juventud eterna, a optimizar y mantener la vitalidad y a estar en forma, a mantener el bienestar en la medida de lo humanamente posible. "La lucha contra el envejecimiento en el ideario colectivo se basa en evitar las características negativas asociadas con el envejecer y que se manifiestan externamente. La imagen positiva de la juventud en la sociedad, se manifiesta en el cuerpo y en el aspecto físico. Lo que se aleje de la imagen joven es rechazado consciente o inconscientemente por la población que desea en su mayoría adscribirse a la imagen de la juventud" (Moragas 2007: 35). Se mantiene el ideal de la belleza corporal aunque empezamos a rechazar la tiranía del aspecto físico y a denunciar las terribles consecuencias que origina la obsesión por la belleza. Pero se está empezando a sublimar en forma de eterna juventud. Y es que el culto a la belleza era en el fondo una forma sutil de rehuir la evidencia de la muerte, una manera de seguir aspirando y manteniendo el ansia de inmortalidad que siempre ha constituido una idea directriz de la especie humana. "En el fondo nuestro culto a la belleza no es más que una forma de reprimir la evidencia y la existencia de la muerte. El deseo desesperado de retener la propia juventud no procede sino del deseo del evitar el duelo de un adiós. Podemos decir, por otra parte, que la juventud se ha convertido en el becerro de oro de nuestra cultura individualista y secularizada, una cultura que niega la otra vida, teme a la muerte" (Renz 2007: 345-6; Zuazo 2008: 3). El ideal de nuestra sociedad es morir con un cuerpo totalmente sano hasta que se consiga la inmortalidad corporal. La idea que late en el ambiente es el ansia universal de inmortalidad. Empieza a calar la idea de que si de hecho el "deterioro" del cuerpo es un problema y si la tecnociencia permite realizar reparaciones y sustituciones de todo tipo, podemos aspirar a tener cuerpos que vivan indefinidamente y cerebros que estén en condiciones de aprender ilimitadamente. "No hemos alcanzado la inmortalidad, eso es verdad, pero soñamos con ella. Literalmente la gente quiere vivir eternamente y por primera vez en la historia incluso se hace ilusiones al respecto" (Arsuaga 2007: 50; Amato 2007: 78; Napal 2007: 161-62; Attali 2006: 25; Soria y Toharia 2007: 148; Sánchez Vera 2008: 286).

En los medios de comunicación se divulga la idea de la inmortalidad. Se recuerda que muchos físicos famosos afirmaron que era imposible volar, y que también insignes biólogos defendieron la imposibilidad de la clonación, pero nos recuerdan como los avances de la ciencia han demostrado la falsedad de esas predicciones. Esto se aplica al tema de la muerte humana y ya se habla de la falacia de que existe un límite biológico para la vida. "No estamos programados para morir. La vida no termina porque un gen albergue el secreto para interrumpirla en un momento dado. En realidad no está escrito que debamos morir. La vida es mantenimiento de un equilibrio entre las agresiones celulares y la capacidad regenerativa de las mismas células. Cuando las agresiones son superiores a la capacidad regeneradora, se produce el envejecimiento y la muerte. Mientras que la capacidad de regenerar los tejidos sea mayor que el impacto de las agresiones medioambientales, la vida continúa" (Punset 2008: 56). Aprovechando los conocimientos científicos actuales ya se está aumentando la esperanza de vida de la población y no se renuncia a conseguir la eterna juventud. Hoy por hoy se considera un objetivo muy lejano detener el proceso de envejecimiento y conseguir la eterna juventud. Sin embargo se considera un objetivo realista aumentar considerablemente la longevidad. Así en una conferencia en la Obra Social de la Caixa, A. de Grey habló de la posibilidad de vivir mil años. Estas divulgaciones que aparecen en los medios de comunicación se basan en las investigaciones y enigmas que actualmente pretenden resolver científicos: ¿Hasta cuando podemos vivir? ¿Estamos realmente condenados a envejecer? ¿Cuáles son los mecanismos del deterioro de nuestro organismo que finalmente desemboca en la muerte? ¿Hay algún modo de retrasar el envejecimiento? ¿Hay alguna fuente de juventud? ¿Podremos algún día producir el elixir de la vida? Las preguntas son pertinentes porque hay bacterias que son inmortales y organismos pluricelulares que también lo son. Además la línea germinal de los seres humanos se puede considerar inmortal en la medida que se perpetúa en los descendientes a través de la procreación y en el futuro con la clonación reproductiva. En este contexto hay que situar el impacto que está teniendo la denominada biología de la inmortalidad.

Son muchos los científicos que tratan de conocer cómo actuó la selección natural en los genes, cómo reparar el diseño del cuerpo para evitar el envejecimiento, y en un paso posterior conseguir la inmortalidad. En el estado actual de nuestros conocimientos los científicos piden prudencia ya que podrían existir límites a la longevidad máxima del organismo humano y a la capacidad replicativa de su ADN. De cualquier manera en Biología no se discute este axioma: "La inmortalidad biológica no es por tanto una imposibilidad biológica" (Rose 2009: 51). Incluso muchos investigadores dan un paso más para deducir este otro principio: los humanos no estamos programados para morir. Frente a la amenaza del fin, hoy por hoy ineludible, hay un grupo de biólogos que se denominan "inmortalistas" y suscriben la tesis de Carrell quien afirmó: "The cell is immortal". Por ello defienden que el envejecimiento es un problema mecánico y que una regulación adecuada de nuestra fisiología nos permitiría conseguir la juventud eterna (Klingler 2007: 30; Newth 2007: 203-4; Kirkwood 2004: 296). Sostienen que la inmortalidad reside en los genes y no en los cuerpos que los trasportan y que por tanto el ADN y los genes inscritos en él son inmortales, que como personas no tenemos una edad preprogramada para envejecer, y que la actual situación de envejecimiento viene condicionada por el nicho al que nos hemos adaptado, y que actuando sobre los genes podríamos superar estas limitaciones. El envejecimiento es un problema degenerativo causado por daños moleculares y celulares que se pueden evitar a través de técnicas de Bioingeniería. Partiendo de estas premisas son muchos los que piensan que los futuros avances en Ingeniería Genética abren la posibilidad de acercarse progresivamente a ese viejo anhelo de la especie humana de luchar por la eterna juventud. La muerte no tiene que ser nuestro inevitable destino. Para evitarlo habrá que comenzar eliminando la barrera que en el presente supone el envejecimiento del que hasta ahora ningún mortal puede escapar.

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